¿Nos quejamos demasiado?¿toleramos poco el fracaso?¿somos poco resilientes? Creo sinceramente que no, y empieza a preocuparme esa tendencia tan en boga en los últimos años de convertir en una virtud sufrir en silencio.  Basta con leer cualquier periódico “serio” para darnos cuenta de que el lugar de las noticias lo están ocupando últimamente artículos sobre estilo de vida que venden la precariedad como algo ”cool”, te dan recetas para no ser una persona negativa y aparecen modas que dan vergüenza ajena. Por todos los lados  recibimos mensajes para que seamos felices en nuestra infelicidad. 

De pronto lo precario es algo deseable,  miras canales de youtube en los que  aparecen personas viviendo en contenedores sin poder ponerse de pie en su propio dormitorio, o en coquetos miniapartamentos en Japón,  o la  familia que convirtió un autobús escolar en una  maravillosa casa familiar, …. son libres, son guays, pueden cambiar la localización de su casa cuando quieran, algunos incluso crían a sus hijos ahí ¿qué importa que tú necesites intimidad? ¿qué importa que los niños un día necesiten un espacio aislado y tranquilo para estudiar? ¿qué más da que estés viviendo en el jardín de tus padres o en el de alguien que a lo mejor mañana decide que no quiere ahí tu contenedor?, da igual porque son felices, porque no necesitan  un espacio mayor para tener una vida plena y mientras tú te estás quejando porque vives un un piso de 30 metros cuadrados ¡con paredes! ¿en que te convierte eso? en consumista, derrochador, perdedor. He visto decenas de estos vídeos en las últimas semanas y no solo se puede decir que la originalidad brilla por su ausencia (por dentro la mayoría son calcos), es que  además nos están diciendo que en un piso de 20 metros cuadrados se puede vivir cómodamente. Vivo en un apartamento en el que probablemente a finales del siglo XIX vivía más gente de la que ha vive ahora mismo en todo el edificio. De acuerdo, es posible vivir en poco espacio, pero ¿que sea posible significa que sea cómodo? ¿Se puede considerar eso como calidad de vida?¿conocemos a alguien que haya vivido una experiencia parecida y la recuerde con añoranza? Conozco a mucho hippie defensor de este modo vida a quien le parece maltrato animal tener a un perro en un piso de 60 metros cuadrados, pero por alguna razón no le parece extraño ni inhumano hacinar a una familia en 30.Embed from Getty Images

Y luego está la moda del “zero waste”, del estilo de vida minimalista, etc…Aquí estoy de acuerdo en parte. Estamos inmersos en una sociedad consumista en la que nos vemos continuamente empujados a una espiral de compras muchas veces sin sentido. Pero una cosa es no aceptar la oferta de tu compañía de telefonía móvil para cambiar de teléfono cada dos años y otra es pedirme que no compre detergentes porque la casa se limpia muy bien con vinagre, que es más barato, o no usar pasta de dientes. Sí, Los productos de higiene femenina no son muy respetuosos con el medio ambiente, los pañales para los bebés tampoco, además son caros, pero es la versión textil de esos productos tampoco es barata y lo siento, tampoco me parece muy higiénica. Además es muy curioso comprobar que esas mujeres (porque sí , siempre son mujeres) que proclaman las bondades de los medios tradionales de contención de fluidos corporales, tienen como única dedicación escribir un blog o subir vídeos a su canal de youtube en los que publicitan sin descanso marcas bio, ecologicas, naturales, veganas,etc,  lo que les permite tener mucho tiempo para lavar trapos y para dedicarse a la alquimia de la desinfección doméstica.

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Nos venden la idea de que ser pobre no es malo y por ello surgen también modas para que, a cambio de tu decencia, puedas llevar la vida con la que creíamos que viviríamos la clase media, así si eres  joven, has recibido una buena formación, sabes idiomas, pero no tienes trabajo ni expectativas de tenerlo, tenemos la tendencia que va contigo: conviértete en “Begpacker” y disfruta de tu vida precaria, solo necesitas una mochila, una cuenta de Instagram, un mapa mundi y a vivir la vida: viaja por países increíbles, mantén tus necesidades básicas cubiertas mendigando….en países en vías de desarrollo, coge tu guitarra, busca un aplaza céntrica y  pasa la gorra, y lo más importante, publica todo en tus redes sociales, con suerte conseguirás muchos likes y monetizarás tu cuenta.

¿No llegas a fin de mes porque no recuerdas la última vez que trabajaste más de seis meses seguidos y el concepto “jornada completa” te suena a chino? Lo tuyo es el “Friganismo”, la última que moda consiste en completar tu dieta con lo que saques de los contenedores de tu supermercado de confianza. Si lo hacen los hipsters tien que molar.Embed from Getty Images

¿Por qué los medios de comunicación como periódicos, algunos de ellos tradicionalmente progresistas, intentan hacer que nos parezcan aceptables cosas que no lo son? NADIE debería tener que rescatar comida de la basura, porque la comida no debería tirarse y porque nadie dabería tener que verse en esa situación en pleno siglo XXI, no digamos ya en el primer mundo. No son Hipster los que están rebuscando en los contenedores señores de EL País, son personas cuyos salarios, en caso de tenerlos, no les permiten cubrir sus necesidades más básicas, y eso se llama pobreza, no hay que inventarse un nuevo vocablo y mucho menos intentar convertir una tragedia en algo moderno.

Pero es que el problema es que ahora lo moderno es no quejarse. Las grandes cadenas de librerías dedican cada vez más espacio a libros de autoayuda, gurús del alma, y terapias milenarias que se inventaron hace cuatro días. Las revistas, incluso los periódicos están repletos de artículos que nos invitan a ser mejores y a huir como de la peste de todo aquel que ose elevar una queja: “¿Cómo detectar a una persona tóxica?”, ” Sé el cambio que quieras ver”, “No te quejes, actúa”…..mira Paulo Coelho, me parece muy bien que  te hayas forrado lanzando frases para tazas desde tu mansión pagada por millones de personas desesperadas por como les trata la vida, que buscan una solución en tus panfletos de autoayudauda pseudofilosófica barata, pero basta de insistir en el mensaje de que quejarse es malo, que es tóxico y que no sirve para nada. Cuando te quejas, seguro que hay alguien entre tus oyentes que está pasando por lo mismo que tú. Escucharte hará a esa persona sentir que no esta sola, que no es solo su problema. Si muchos nos quejáramos porque nuestros políticos nos roban, quizás pensáramos que como somos muchos, tenemos poder para cambiarlos, tal vez si muchos nos quejamos porque los hospitales están saturados y mal gestionados y esto está perjudicando nuestra salud y el servicio que pagamos, sintamos que tenemos el poder de exigir que cambien los gestores, si salimos a la calle para que no se rían de nuestros abuelos con subidas de pensión ridículas de las que viven familias enteras, mientras los que nos dirigen se blindan pensiones multimillonarias o si todas la mujeres no parámos solo un día  el país, sino muchos para decir que estamos hartas de que nos maten, de que nos pongan trabas , de que no nos dejan dar lo que podemos dar o ser lo que queremos ser, …tal vez, si nos quejáramos más, nos daríamos cuenta de que somos muchos los que estamos sufriendo situaciones injustas y haríamos algo para arreglarlo.

La primera vez que escuché el término “Resiliencia” fue hace un par de años en La Ventana, en la entrevista que le hicieron Siegfried Meir,  superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen, con ocasión de la publicación de “Mi Resiliencia”, el libro de memorias en el que el autor cuenta su vida en aquellas circunstancias. Últimamente no paro de escucharla y no de manera positiva. Meir habla en su libro de experiencias terribles en las que resiliencia era la única forma de sobrevivir porque no había otra, era aguantar o dejarse morir. Este país vivió una guerra, una postguerra atroz y cuarenta años de dictadura. Después de algo así, se diría que estamos curados de espanto, pero no, y no solo la generación de los que no vivimos nada de esto, sino que parece que tampoco los que la padecieron. Estamos viendo que los abuelos tampoco soportan esto, y tiran para adelante, tiramos para delante porque no nos queda otra porque sí somos resilientes, porque si no desde que empezó la crisis  habríamos presenciado suicidios en masa y ¿sabéis qué?, en todos estos años, en contra de lo esperado la delincuencia no ha aumentado significativamente como habría sido de esperar.

No soy muy amante de las teorías de la conspiración, sinceramente no creo que haya un  grupo de megavillanos que controla el mundo y que ese esté dedicando a lavarnos el cerebro para que nos sintamos felices en nuestra infelicidad o que los gobiernos promocionen todo esto para manternos anestesiados. Puede que en realidad, todo esto no sea más que una forma de supervivencia  ante unos cambios en la forma de vida que se me antojan inevitables en muchos aspectos, o lo más probable, es que  todo esto no sea más que la ley de la oferta y la demanda:  todo se vende porque todo se compra. Compraremos lo que nos ofrezcan, incluso cómo seguir consumiendo cuando ya no podemos hacerlo más. Y hasta de la peor de las situaciones, se puede sacar algún provecho. Necesitamos un disfraz que nos ayude a ocultar que  a veces no llegamos a fin de mes, que no nos podemos permitir comprar un piso o irnos de vacaciones, y siempre habrá alguien dispuesto a vendértelo a un precio asequible, así que,  ya se sabe: ¡es el mercado, estúpidos!