Desde que tengo uso de razón he convivido con la pérdida paulatina de prestigio de las humanidades, ahora incluso se han cargado la mitad del temario de literatura y así, poco a poco, vamos perdiendo la capacidad de ver, de interpretar más allá de las palabras. Las lenguas solo nos importan en cuanto nos permiten viajar y comunicarnos, pero no nos interesa rascar  en capas más profundas y es allí donde está la miga, donde está lo que somos.

En el tiempo que llevo aquí, sobre todo al principio, he pensado mucho en esto. Probablemente parecerá una tontería pero cuando pienso en la palabra que me define por mi situación en el país, me encuentro con que, en primer lugar, cada uno de los términos viene condicionado por un punto de vista diferente: el país, la persona, etc. Así, mientras que desde España se me consideraría una emigrante, en Escocia soy una inmigrante. No hay un término que me defina con valor universal (bueno, “migrante”, pero seamos honestos ¿quién usa este término con asiduidad?). No soy lo mismo para todas las personas ni en todos los sitios. 

En segundo lugar, me he dado cuenta de que el uso, la cultura, la experiencia vital y la  sociedad, nos ha hecho dotar a las palabras de  significados o matices diferentes a los originales cargándolas de un efecto a veces negativo o despectivo. Por ejemplo, yo me he criado en Móstoles, una ciudad dormitorio al sur de Madrid, donde la población inmigrante era importante. Siempre he tenido compañeros de clase o vecinos que venían de otros países, pero no recuerdo ir hablar a mis padres de inmigrantes, quizás de extranjeros y casi siempre de marroquíes, o de dominicanos. Con el paso de los años, el termino “extranjero” fue perdiendo peso en estos casos a favor del de  “inmigrante”, quedando el anterior para futbolistas, políticos o turistas.  En los últimos años, ha aparecido un nuevo término en esta lucha de prestigio, “expatriado”. La RAE define el término “inmigrante” como “como persona que inmigra (llegar a un país extranjero para radicarse en él)” , a un “extranjero” como “natural de un país extranjero (un país que no es el propio)” y finalmente, a un “expatriado” como a alguien “que vive fuera de su patria”.

En cierto modo, nos encontramos con tres significados muy similares que, sin embargo, no utilizamos del mismo modo.  Nunca utilizaríamos el término “emigrante” para referirnos a un futbolista, un actor, un escritor o para cualquiera de los miles de jubilados británicos que han fijado su residencia en España. No. Tampoco utilizaríamos “expatriado” para referirnos a un refugiado, a pesar de que si nos ceñimos a la definición, es sin duda el término más preciso, pero no, expatriado se usa para referirnos a aquellos trabajadores extranjeros a los que sus empresas destinan a España e incluso la FUNDEU aconseja no utilizar los términos “expatriado” o “inmigrante” como sinónimos ya que reconoce el carácter peyorativo que algunas personas otorgan a este último.

Así pues, es evidente que el español, al menos en España refleja un poso de xenofobia y discriminación que no puede ser obviado. La lengua refleja la cultura, la sociedad, y nos guste o no nos guste, mientras sigamos llamando inmigrantes a los extranjeros pobres, no nos vamos a quitar la etiqueta.  Y sí, la mayoría de los que estamos aquí, según estas valoraciones,  somos inmigrantes . Hemos dejado nuestro país porque no se nos garantizaba un sueldo por nuestro trabajo que nos permita llevar una vida digna. Algunos ni siquiera tenían un trabajo, ni esperanzas de tenerlo, así pues, el factor económico es el que nos ha traído aquí a muchos.

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¿Es Escocia un país racista o xenófobo?

Cuando llegué aquí era la pregunta que más me hacía todo el mundo. En la televisión se sucedían las noticias de ataques a españoles  de mano de ciudadanos británicos y me encantaría decir que solo mi familia y amigos estaban preocupados, pero lo cierto es que esto era algo que no se me iba de la cabeza. Por desgracia, a los pocos días de llegar ocurrió algo que no hizo más que aumentar mi inquietud. 

Volvíamos a casa un par de días después de llegar y mientras esperábamos el tren en la estación Central en Glasgow, un tipo se nos acercó y preguntó si éramos polacos, le contesté que no, que éramos españoles y la respuesta fue algo así como ahora habían votado a favor del Brexit y que  nos podíamos ir a nuestra casa. Yo me hice la loca, como que no entendía nada y en  cuanto llegó el tren, entramos y nos sentamos lo más alejados posible de ellos. Todo el viaje fueron dando gritos y evidentemente estaban bastante borrachos. Al llegar a nuestra estación ellos también se bajaron a allí y  se fueron retrasando con la intención evidente de que los adelantáramos y poder iniciar una  pelea. Nosotros nos retrasamos aún más y finalmente, cansados de esperar, se fueron. Ahí terminó todo, pero durante un tiempo anduve que mil ojos por si volvía a encontraremos y esta vez estaba sola. Afortunadamente, nunca los he vuelto a ver y no creo que lo haga ahora que ya no vivo en Shotts, pero sí es cierto que durante un tiempo, no me sentí tranquila ¿sería tan grave la situación como sugerían las noticias?¿cómo es posible que esto estuviera pasando en el país que me había recibido con los brazos abiertos diez años atrás? ¿en la ciudad cuyo lema es “People make Glasgow”. Algunos días después, también en el centro, vi como unas chicas gritaban insultos racistas a una mujer que estaba pidiendo en la calle. Es curioso, pero este altercado me hizo ver que, al menos de momento podía estar tranquila: la gente reaccionó en contra de las chicas y además me di cuenta de que al igual que el grupo del que hablaba anteriormente, no eran personas con un nivel educativo alto precisamente.

Desde entonces no he vuelto sufrir ningún tipo de percance de este tipo, tampoco he sido testigo de ninguno y puedo afirmar que me siento muy bien recibida y acogida en este país. La gente es amable y abierta conmigo y una vez pasado el momento de estupor cuando a la pregunta “¿Cómo has podido dejar España y venirte a este clima?” les respondo con un “a mí me gusta este tiempo”, lo normal es que me miren con una mezcla de curiosidad y hasta cariño.  Cuando conozco a alguien nuevo, es bastante común que me pregunten si me estoy sintiendo bien viviendo aquí, que es algo que nosotros nunca preguntamos a los que vienen a nuestro país y que me parece que describe muy bien la acogida aquí.

Pero hay algo que siempre me ha parecido muy curioso y es que cuando hablo con alguien por primera vez, es común que me pregunten si soy polaca.  Esto me hizo pensar que puede ser  que sea bien acogida porque soy española y existe algún tipo de prejuicios contra otras nacionalidades. Por esta razón decidí hacer un pequeño sondeo y lancé la pregunta al grupo de Facebook : Españoles en Glasgow con el fin de obtener una idea más real y amplia que la mía, dado que yo llevo muy poco tiempo viviendo aquí y no sé si mi experiencia es válida como ejemplo. En general, todo el mundo se siente muy bien acogido en Escocia. Algunas de las personas que se pusieron en contacto conmigo sí que hablan de problemas de tinte xenófobo en anteriores estancias en Inglaterra, pero nunca por parte de los escoceses (algún episodio puntual con borrachos o en contextos de fútbol).  Sí parece que hay ciertos prejuicios en contra de los polacos y algunas de las personas con la que hablé me comentaron que habían sufrido situaciones de rechazo por parte del colectivo polaco en el entorno laboral, pero también por parte de guineanos.

Hablando con escoceses, uno de ellos me dijo, literalmente que son un poco xenófobos pero  no con los españoles. Esto confirma mi apreciación de que tienen una visión especialmente positiva de nosotros. Cuando pregunté sobre este hecho, por qué piensa que son un poco racistas, me dijo que en general son muy cerrados, y les cuesta más abrirse a la gente, pero que les gustan mucho los españoles.

También me contestaron otras personas no españolas. Venezolanos y mexicanos y del grupo, afirman no haber sentido nunca problemas así que la tónica general es positiva.

En definitiva, vivo tranquila aquí y ese miedo del principio ha desaparecido pues, aunque es evidente que mala gente hay en todos los sitios, Escocia es un país acogedor y muy amigable con los extranjeros. Glasgow en particular es una ciudad multicultural y cosmopolita donde en seguida te sientes como en casa, ¿qué os voy a decir yo? ¡si ya sabéis que estoy enamorada  de ella!. A decir verdad, creo que los casos en los que me he sentido rechazada por ser española ha sido más bien por parte de otros extranjeros aquí, especialmente de Sudamérica.

También me parece que a nivel político, se hace un esfuerzo  muy superior al que se hace en España en cuanto a la integración los inmigrantes; por ejemplo, en los últimos años, desde la entrada de Rumanía en la UE, es una población  que ha crecido mucho, especialmente la de etnia romaní, y aunque es cierto que los barrios en los que se han ido concentrando se han deteriorado, es innegable que a niveles de integración están a años luz  de las mismas poblaciones en España y esto no sería posible sin una voluntad política y social por parte de las instituciones y de los propios ciudadanos.

De nuevo, me interesa mucho conocer la opinión de personas en mi situación, tanto en Escocia como en otros lugares. Si tenéis alguna experiencia interesante que os gustaría compartir, no dudéis en hacerlo en comentarios.

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